miércoles, 13 de mayo de 2015

Instantes

Uno de estos días me voy a ir
y me llevaré esta canción para el camino.
Nunca quise estar mucho tiempo aquí de todos modos.

Ya han pasado muchos años,
y uno de estos días me voy a ir...
por tercera vez.














martes, 24 de marzo de 2015

Vacaciones en Nasca (3ra parte): Mi tío abuelo

A José Lucana, con respeto y admiración.

Mi tío abuelo tiene 80 años; y lo conocí cuando su hermano -mi abuelo directo- falleció. Valentín era su nombre, era de esos arequipeños que cuando el orgullo arraigado se le metía en la cabeza por alguna seudoinjusticia se iba de la casa de mi madre a su casa de chosica. A la siguiente semana volvía como si nada hubiera pasado. Mi madre ya no le hacía mucho caso pues ya lo conocía muy bien: "ya se le pasará y volverá como siempre el viejo" -decía. Me contaba que él había sufrido mucho de joven (al menos esas historias eran las que siempre salían de su boca cada vez que tomaba), por eso era así. Ya lo entendía y las cosas no pasaban a mayor. Valentín Lucana falleció un febrero del 2008 y fue ahí que conocí a José Lucana, mi tío abuelo que reside en Nasca hace mucho años. 

Cuando viajé por primera vez a Nasca, mi tío no me reconocía bien. Me presenté respetuosamente y conversamos mucho del pasado y algo del presente: de mis estudios, de sus investigaciones, de la familia, etc. La segunda vez que fui me hizo conocer su tan cuidado huerto alejado del centro de Nasca donde -cada vez que voy- me regala de la misma mata un racimo de uvas o varios mangos para comerlos al instante. En la tarde me lleva a los acueductos de la cultura Nasca; me explica detalladamente cual guía turístico y quedamos para los siguientes días. Es una agradable compañía.

La tercera vez que fui (2015) se había olvidado mi nombre, pero sí me reconocía (al menos cada año vamos haciendo el lazo más fuerte) solo lo vi un día y fue en su huerto, donde reside más tiempo para alejarse del bullicio del hotel. Nuevamente la bienvenida con racimos de uvas que están sabiamente envueltas en papel periódico para que ningún insecto las malogre; las enjuago en su lavadero muy bien ubicado al medio del huerto: Lúcuma, limones, mango, granadilla y uvas son los frutos que veo; nos sentamos y conversamos un rato. En la tarde la seguimos en un restaurante muy recomendable allá en Nasca: Limón & Sazón. Almorzamos un sudado de lenguado y disfrutamos de una tarde amena:



"Valentín y yo somos hermanos de padre mas no de madre, por eso no viví con él de niño. Yo conocí a mi hermano recién de joven. Lo busqué y empezamos a andar un buen tiempo, tenía 18 años aproximadamente. Lamentablemente nos separamos porque yo me vine a estudiar a Ica; y él se quedó cuidando a su madre que estaba un poco mal de salud. Años después nos volvimos  a encontrar; él trabajaba en la fábrica Diamante y nuevamente estuvimos un tiempo juntos. Finalmente me fui y solo mantuvimos comunicación por carta. Hasta que supe que había fallecido" - José Lucana.





lunes, 23 de marzo de 2015

Vacaciones en Nasca (2da parte): Una guitarra y un buen amigo.

Soy astigmático desde algunos años atrás y muchas veces no me doy cuenta de las personas que pasan por mi lado (en varias ocasiones me han saludado a lo lejos y he respondido cortésmente sin siquiera adivinar quién era); pero más que eso siempre he sido distraído. Las personas constantes no captan mi atención (tampoco es que quiera lo contrario). Sin embargo ver a algunas personas que rompen con lo cotidiano me abstrae. La guitarra en medio de tiendas de calzados, cadenas de farmacias y gente que viene y va es que algo para observar. Me puse los ojos que cuelgan de la camisa para momentos de atención y me di con la sorpresa de que, aquel que estaba sentado ensayando notas con su guitarra de cajón, era mi amigo Álex, compañero de estudios en San marcos.

Llevé con él tres o cuatro cursos en la facultad y hemos conversado muchas veces en estos tres años de estudio. Él tiene a toda su familia en Nasca a la cual vuelve cada vacaciones para ayudarlos con el negocio familiar. Yo lo sabía pero en lo último que pensaba en ese momento era en él (Solo tenía en mi mano la foto de mi madre y una melancolía que cambiaría al bajar) El taxi se detuvo por el semáforo y yo, al reconocer a mi compañero, me bajé de inmediato a saludarlo. La sorpresa fue mayor para él: Solo cabe decir que nos quedamos sentados charlando un par de horas en el negocio de sus padres, tocamos la guitarra y acordamos para los siguientes días. Caminatas por una plaza que tiene ese color antiguo de las fotos que están en los libros, piscina en la tarde en un polideportivo; Bukowski en su polo, películas para recomendar, música y adoquines de fruta: los mejores que he probado en mi vida. Antes de volver a lima, me despido de él y de su familia que tan amable me presenta. 

Buena suerte con tus planes, Álex. Nos vemos pronto.

Foto tomada del facebook sin su permiso

domingo, 22 de marzo de 2015

Vacaciones en Nasca: Nacer

Me voy a Nasca con mi enorme mochila y llevo conmigo, en este viaje cargado de excusas, un corazón que ya me extraña, un libro de Cortázar, un montón de canciones para el camino, muchos saludos y un abrazo de mi madre por el móvil. Son siete horas de camino y el viaje es más largo cuando vas solo; aunque ahora que lo pienso no voy tan solo pues la tecnología me permite ir con mi gran amigo Willy que ha acompañado hasta las cuatro de la mañana. Estación Ica: Aún faltan dos horas...

Amanece en Nasca y yo dormiré hasta el medio día. Mi padre no responde el celular (qué sorpresa); sin embargo, los que me atienden son buenas personas y me tratan bien gracias a él: Desayuno, almuerzo y cena. "Solo estaré 5 días a lo mucho" -les digo. Quiero dejar atrás el bullicio de mi casa, el tráfico de lima, ese calor que abochorna, la inseguridad de las calles y las aglomeraciones de luces y carteles que hay por mi localidad. Además de ello quería cambiar de aires. Me gusta lima, soy muy urbano, pero siempre es bueno alejarse de la ciudad y respirar gente nueva, nuevas experiencias y, sobretodo, disfrutar los paisajes amplios.

Ya en la tarde me dispongo visitar a los familiares. Para ser más exacto a la tía Ali que viven a 20 minutos del hotel en el que estoy hospedado. En Nasca es común transportarse en taxi, te cobran entre tres o cuatro soles a casi todos los lugares que quieras ir. Los 10 minutos en los que trato de recordar las callecitas aledañas de Vista alegre y el lugar exacto donde bajar, me da una nueva perspectiva del lugar. En un año las cosas cambian y ya no me ubico bien, pero la tienda de mi tía está perfectamente ubicado en una esquina; así que doy fácil con el lugar: abrazos y sonrisas nos embargan por la sinceridad del saludo anual con mi tía que conocí hace solo dos años atrás. Conversamos y me muestra una promesa que saca de un portafotos antiguo: Mi madre a los 17 años. Me quedo viendo la foto por un momento y mi tía me observa sonriendo porque sabe que no reconozco a la de la foto. Me cuenta anécdotas de ese tiempo y yo la escucho como se debe de escuchar a las personas con mucha experiencia...

El camino de vuelta al hotel, ya no me importó ver las callecias de Vista alegre. Trataba de reconocer a mi madre en esa foto perfectamente cuidada y en todo ese cabello largo que tenía. A primera vista no la pude reconocer a ella; no de manera general, pero sí por sus facciones intactas. Pude reconocerme en su pequeña nariz, en esos ojos que aún no mostraban tristeza, en sus labios y cejas que son los míos; y, al notarlos, mis ojos brillaron nostálgica y resentidamente. Resentida por cosas del corazón que no divulgaré por este medio.



27 de setiembre de 1982

lunes, 16 de febrero de 2015

De pocos amigos

No soy de hacer amigos con facilidad. No sé por qué pero sí sé que eso de niño me afectaba. Con los años uno va entendiendo que simplemente tiene otro tipo de personalidad y punto. No es la gran cosa. En algún momento entendí que soy de esos pocos que la mayoría piensa que es serio o creído por mi rostro poco expresivo (alguna vez me lo han dicho). Muchas veces para empezar una conversación con alguien necesitaba sentirme seguro de no ser rechazado. Sin embargo soy consciente de que  todo esto ha cambiado en los últimos tiempos y por eso quiero recordar a todos los buenos amigos que me acompañaron desde la primaria hasta la actualidad. Algunos siguen y otros no:

En toda la primaria solo tuve un amigo: Cesar Soto. Un gran amigo con el que en los recreos compartíamos las loncheras o jugábamos con otros niños (esto gracias a él que tenía más amigos que yo). Él como buen amigo me hacía conocer a otros niños y niñas; y siempre juntos me daba la confianza para jugar al fútbol u otros juegos que ya no recuerdo. Así conocí a muchos compañeros del salón y pude adaptarme. Cuando algún "grandulón" nos quería pegar, nos defendíamos y la librábamos fácil. Cursamos toda la primaria y parte de la secundaria juntos. Él lamentablemente repitió el segundo años de media y en el tercer año nos veíamos muy poco; y empezamos -como es lógico- a hacer nuevos amigos (él más que yo por supuesto). Así nos alejamos toda la secundaria. En la actualidad al cruzarnos nos saludamos con una levantada de ceja o un "¡habla!" y seguimos de largo. Cosas de la vida.

Vuelvo a la secundaria. Tercer año de media. Me sentaba atrás como para evitar contacto con los profesores. No recuerdo con quién (las carpetas seguían siendo para dos). Lo que sí recuerdo es que llegó nuestro tutor y nos dijo que habría un nuevo orden de compañeros de carpeta y de lugares. Todos nos asombramos. La mayoría se sentaba junto a su brother desde primero de secundaria. Uno a uno nos fue llamando con lista en mano y ubicándonos en lo que sería nuestro lugar en todo el año. Cuando me llamaron y me ubicaron en las carpetas del medio, aún no había nadie y debía esperar a quien sería mi compañero; no solo de ese año, sino hasta quinto de media: Mi buen amigo Armando Berrocal. Un tipo tranquilo y aplicado que parecía alérgico a todo. Compartimos nuestros saberes y nos volvimos grandes amigos. Actualmente estamos en la misma universidad aunque en distintas carreras. Seguimos siendo muy buenos amigos y nos frecuentamos de vez en cuando.

Al terminar el colegio trabajé y paralelamente tomé algunos cursos como computación y clases de manejo. Fue en los cursos de computación que conocí a mi gran amigo Israel. A primera vista parecía emo. Siempre con un polo negro con mangas largas a lo freddy krueger. Un tipo encarador y con poca vergüenza. Gusta de la literatura como yo, tal vez por eso nos fue fácil entablar amistad. Bukowski, Rimbaud, Pizarnik y todos los malditos de la literatura estaban entre nuestras conversaciones. Seguimos siendo grandes amigos.

Al ingresar a la academia para mi preparación a la universidad, conocí a la que sería mi única amiga en todo el ciclo anual: Sara Castillo. Ella es una chica sencilla con una forma de escribir extraña. Rompe con las reglas de los signos de puntuación a propósito colocándole un punto a cada palabra (entendí que era una costumbre caprichosa, pues una vez le pregunté el porqué de esa manía). Además, siempre empezaba por el final del cuaderno (llena la página y vuelve a la hoja anterior). Esto último me permitía copiarme de sus apuntes; pues mi astigmatismo por esos días empeoraba. Hoy en día aunque no nos vemos mantenemos comunicación vía redes sociales.

Mi primer día en la universidad no fue la primera semana de inicio de clases. Fue la segunda. Sí fui pero no entré (algún día contaré eso). Yo no tuve las palabras de bienvenida de los profesores. Para variar cuando fui ya todos se conocían; o al menos noté que ya todos tenían sus respectivos grupitos. Esa semana me la pasé mendigando información de salones, profesores y delegados. ¡Increíble!, parecía que hubiera faltado un mes (ya habían tareas y grupos para  trabajos de exposición). Solo quedó acoplarme a los grupos ya formados. Fue en la clase de "Estudio y apreciación del arte" que conocí a mi buen amigo Willy Trujillo un brother de aquellos. Leal cual sancho, siempre en la buenas y las malas o "pa´las que sea" como suele decir. Teórico como él no hay. Siempre necesita sentirse seguro para dar un paso. Mi buen amigo y yo aún seguimos en este camino donde los sueños se hacen a mano y sin permiso.


Jhonnatan Manuel


lunes, 9 de febrero de 2015

Tercera nostalgia

Parque Enace. Una mañana cualquiera del 2008. Cuidaba a Polo un perro raza bóxer que me alegraba los días de enero. Boxer, pero no de esos que dan miedo con sus orejas puntiagudas, sino de los que NO se les corta las orejas y tienen aspecto un tanto bonachón y medios tontos. Cada cumpleaños le celebrábamos comprándole su cuarto de pollo, el cual devoraba en un par de minutos. Alguna vez devoró un jabón por descuido. Alguna vez yo devoré un cuarto de pollo por descuido.


Lo recuerdo muy bien. Tenía esa idea metida en la cabeza y aún ni existías. Polo corría por todo el parque enace y yo solo me sentaba a mirarlo.Tenía el mismo sueño todos los días. Marilyn decía que sueñe despierto porque es mejor soñar con los ojos abiertos /Tú como yo somo soñadores sin ningún temor; ¿depresión otra vez? quédate a mi lado/. 

Tres meses después llegaste; y yo dejé de ver a Polo. Él ya no está en este mundo y lo extraño esta noche extraña. Esta noche en la que he vuelto a verme solo. Hoy vivo el sueño. Disculpa mi egoísmo.

Parque Enace

Yo y Polo (el dueño por detrás)

martes, 3 de febrero de 2015

En algún lugar sobre el Arcoiris


                                                  “Si no tienes defectos, entonces ganarás mi amor" (Alanis morissette)

Uno de los mejores cursos generales que he llevado hasta ahora en la universidad se llama Expresión corporal. Fue un curso de primer ciclo y recuerdo que al principio no me gustaba. Primero, porque tocaba los días sábados; segundo, porque exigía usar polo blanco y; tercero, porque era prácticamente educación física soft. No es que haya sido uno de los mejores cursos porque me gustará en sí su metodología; sino porque dentro del él, hicimos un proyecto social en una institución estatal para niños del Inabif (Hogar Arcoiris). 

Fue entonces que se decidió que los días de talleres en el hogar Arcoiris serían los domingos. Llegó el día, formamos grupos de cinco o seis y nos asignaron un niño  a cada alumno (a veces dos, a veces tres). Los domingos a las tres de la tarde llegábamos nosotros con todo el entusiasmo y los materiales para los talleres de pintura, manualidades, de baile y de teatro. Yo estaba en el grupo de pintura y fue ahí que lo conocí...
Lo vi dibujando con su sonrisa, con sus ojos y con sus manos a un hipopótamo, un árbol, una jirafa, un pingüino y un león; y se quedó conmigo todo ese tiempo, me reconoció y me regaló su amistad todos los domingos su vida.
Le puse un veinte grandote de nota porque se lo merecía, le pondría -si hubiera- el último de los números para que sepa que lo hizo perfecto, pues todos los domingos en los que iba a verle llevaba conmigo mi corazón para regalárselo a cambio de su hermosa sonrisa y con la condición de que sea feliz para siempre.
Y lo empecé a tratar más, tenía unos ojos preciosos, marrones y tristes; tristes en una forma hermosa. Tenía una sonrisa que atrapa, que llama la atención, que cautiva y que opaca a sus ojos. Tal vez por eso nos quedamos hasta el último juntos. Nos miramos y nos reconocimos en ese espejo. Yo también los tengo. Te diste cuenta, ¿verdad?
No, no te he olvidado. Todos los días al regresar a mi casa, mientas me encuentro en el carro y me pongo los audífonos y escucho esa canción, te recuerdo. Te recuerdo y me calmo. Mi querido amiguito, eres perfecto.